La casa del cura.
11, 14 de 2006-01-14 de 2006
Ayer vi un reportaje en Cuatro que me impacto mucho. No se si Cuatro es mejor o peor que el resto de los canales de televisión, pero indudablemente es distinto.
El reportaje de la serie de reportajes "Callejeros" enseñaba como vivían una serie de personas en un lugar denominado la Casa del Cura, en la Calle Embajadores, en pleno centro de la capital. La Casa del Cura tenía la apariencia era de esos “corrales” de los que hablaba Baroja en “La Busca”, parecía un callejón muy largo y a los lados habían hecho como cubículos de apenas 20 m con una puerta. Dentro de esos cubículos, dispuestos en tres alturas, vivían todo tipo de personas, entre ellas una mujer viuda con una pensión de apenas 36.0000 pts, que tenía que acoger en esa habitación a otro hombre para poder vivir, porque la pensión no le llegaba. Esta persona había comprado “eso” (no sé como denominarlo) por 1.500.000 ptas en el año 1992. También había un matrimonio polaco que pagaba por la habitación 180 € (casi lo mismo que la pensión de la viuda), un matrimonio magrebí con dos niñas, un ex-traficante de drogas al que su mujer lo había echado de casa, un ex mercenario de Angola, que ahora no encontraba trabajo, inmigrantes de muy diversa índole….. Algunos afortunados tenían en su habitación un pequeño cuarto de baño, otros en cambio tenían que usar el baño común, que no era sino uno de aquellos meaderos de los bares de antes, que eran como platos de ducha con unos pies para situarte encima. Entre sus pertenencias muchos vecinos tenían sables, cuchillos de muy diverso tipo, para defenderse, porque, como decía uno de los inquilinos, allí había mucha gente “malos”. El material de “esta construcción” era malísimo como se pisará con demasiada fuerza en el suelo, este parecía deshacerse, y por eso las paredes estaban llenas de pegotes por todas partes. Las cañerías se rompían y el espacio común estaba siempre encharcado. Los vecinos de los edificios contiguos se quejaban del mal olor y de los ruidos, decían que les subían las ratas por los tubos de los desagües, y por eso habían tenido que tapar los agujeros de ventilación de las cocinas.

Imagen del Reportaje "Callejeros" del canal Cuatro
El reportaje continuaba contando cómo después de su primera emisión, la Concejalia de Asuntos Sociales (leáse Dª Ana Botella, señora de Aznar) desaloja la zona para derribarla. A los vecinos apenas se les deja entrar para sacar dos bolsas con sus pocas pertenencias, la mayoría de las cuales tienen que quedarse allí por la premura de la demolición (¿por qué tanta prisa? ¿se avergonzaban en el Ayuntamiento de lo que allí estaba pasando?) A cambio de su cúbiculo, la Concejalía les da un vale para estar 4 días en una pensión. Para muchos tener ese espacio era mejor que no tener nada. A una señora con 8 hijos, les dan un vale para una pensión donde no puede entrar con todos sus hijos, ahora tiene miedo que esos mismos Servicios Sociales le quiten a los niños. La familia de magrebís con las dos niñas, que eran de los afortunados que tenían baño y una pequeña cocina en su “cúbiculo”, ahora estaban en una pensión donde para hacer el biberón de la niña pequeña tienen que utilizar el agua caliente del baño, no tienen con que hervir el agua. Para calentar el potito de la otra niña tienen que salir fuera a un bar. A la viuda la habían trasladado a una Residencia en las afueras, donde las condiciones sanitarias eran mejores, pero lejos de su barrio, de su hija, y de sus amigos. A otros, los menos afortunados, que estaban de ocupas en el edificio, no les dan nada, ahora los vemos en otro edificio, todavía peor que aquel, durmiendo en un colchón en el suelo y sin ventanas que poder cerrar para no pasar frío, aunque tampoco hubiera servido de nada, porque también había agujeros en el techo.
Los únicos beneficiados los vecinos de los alrededores, que han cambiado los ruidos de la “corrala” por los ruidos de las máquinas taladradoras y las palas excavadoras.
Todo esto me ha hecho pensar en lo egoístas que somos a veces, la sociedad consumista de hoy en día nos hace querer más, nos sentimos insatisfechos con todo lo que tenemos, envidiamos todo lo de los demás, cambiamos de coche sin necesidad; de televisión, porque ahora mola tener una de plasma, y que me decís de los móviles (yo se de algunos que cada año tienen dos modelos distintos). Nos compramos una cámara digital, y en lugar de disfrutarla, ya estamos mirando la del vecino para ver si tiene más prestaciones que la nuestra, sin pararnos a pensar si cubre nuestras necesidades. ¿Es todo esto importante? ¿Es prescindible? ¡Sí!
El reportaje de la serie de reportajes "Callejeros" enseñaba como vivían una serie de personas en un lugar denominado la Casa del Cura, en la Calle Embajadores, en pleno centro de la capital. La Casa del Cura tenía la apariencia era de esos “corrales” de los que hablaba Baroja en “La Busca”, parecía un callejón muy largo y a los lados habían hecho como cubículos de apenas 20 m con una puerta. Dentro de esos cubículos, dispuestos en tres alturas, vivían todo tipo de personas, entre ellas una mujer viuda con una pensión de apenas 36.0000 pts, que tenía que acoger en esa habitación a otro hombre para poder vivir, porque la pensión no le llegaba. Esta persona había comprado “eso” (no sé como denominarlo) por 1.500.000 ptas en el año 1992. También había un matrimonio polaco que pagaba por la habitación 180 € (casi lo mismo que la pensión de la viuda), un matrimonio magrebí con dos niñas, un ex-traficante de drogas al que su mujer lo había echado de casa, un ex mercenario de Angola, que ahora no encontraba trabajo, inmigrantes de muy diversa índole….. Algunos afortunados tenían en su habitación un pequeño cuarto de baño, otros en cambio tenían que usar el baño común, que no era sino uno de aquellos meaderos de los bares de antes, que eran como platos de ducha con unos pies para situarte encima. Entre sus pertenencias muchos vecinos tenían sables, cuchillos de muy diverso tipo, para defenderse, porque, como decía uno de los inquilinos, allí había mucha gente “malos”. El material de “esta construcción” era malísimo como se pisará con demasiada fuerza en el suelo, este parecía deshacerse, y por eso las paredes estaban llenas de pegotes por todas partes. Las cañerías se rompían y el espacio común estaba siempre encharcado. Los vecinos de los edificios contiguos se quejaban del mal olor y de los ruidos, decían que les subían las ratas por los tubos de los desagües, y por eso habían tenido que tapar los agujeros de ventilación de las cocinas.

Imagen del Reportaje "Callejeros" del canal Cuatro
El reportaje continuaba contando cómo después de su primera emisión, la Concejalia de Asuntos Sociales (leáse Dª Ana Botella, señora de Aznar) desaloja la zona para derribarla. A los vecinos apenas se les deja entrar para sacar dos bolsas con sus pocas pertenencias, la mayoría de las cuales tienen que quedarse allí por la premura de la demolición (¿por qué tanta prisa? ¿se avergonzaban en el Ayuntamiento de lo que allí estaba pasando?) A cambio de su cúbiculo, la Concejalía les da un vale para estar 4 días en una pensión. Para muchos tener ese espacio era mejor que no tener nada. A una señora con 8 hijos, les dan un vale para una pensión donde no puede entrar con todos sus hijos, ahora tiene miedo que esos mismos Servicios Sociales le quiten a los niños. La familia de magrebís con las dos niñas, que eran de los afortunados que tenían baño y una pequeña cocina en su “cúbiculo”, ahora estaban en una pensión donde para hacer el biberón de la niña pequeña tienen que utilizar el agua caliente del baño, no tienen con que hervir el agua. Para calentar el potito de la otra niña tienen que salir fuera a un bar. A la viuda la habían trasladado a una Residencia en las afueras, donde las condiciones sanitarias eran mejores, pero lejos de su barrio, de su hija, y de sus amigos. A otros, los menos afortunados, que estaban de ocupas en el edificio, no les dan nada, ahora los vemos en otro edificio, todavía peor que aquel, durmiendo en un colchón en el suelo y sin ventanas que poder cerrar para no pasar frío, aunque tampoco hubiera servido de nada, porque también había agujeros en el techo.
Los únicos beneficiados los vecinos de los alrededores, que han cambiado los ruidos de la “corrala” por los ruidos de las máquinas taladradoras y las palas excavadoras.
Todo esto me ha hecho pensar en lo egoístas que somos a veces, la sociedad consumista de hoy en día nos hace querer más, nos sentimos insatisfechos con todo lo que tenemos, envidiamos todo lo de los demás, cambiamos de coche sin necesidad; de televisión, porque ahora mola tener una de plasma, y que me decís de los móviles (yo se de algunos que cada año tienen dos modelos distintos). Nos compramos una cámara digital, y en lugar de disfrutarla, ya estamos mirando la del vecino para ver si tiene más prestaciones que la nuestra, sin pararnos a pensar si cubre nuestras necesidades. ¿Es todo esto importante? ¿Es prescindible? ¡Sí!